Ejemplo de examen UD2

Instrucciones:Duración: 1 hora.
Responde al tema y las tres cuestiones planteadas.
La prueba se valorará de 0 a 10 atendiendo a las preguntas planteadas.
La puntuación de cada apartado aparece al principio del mismo

TEMA: responda al tema El Califato de Córdoba.

PRIMERA CUESTIÓN: responda a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué cronología, en años, abarca el Emirato Independiente de Córdoba?
  2. Defina brevemente los conceptos “Mozárabe” y “Martirio Voluntario”.

SEGUNDA CUESTIÓN: responda a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué reyes participaron en la batalla de las Navas de Tolosa?
  2. Explique brevemente la expansión territorial realizada por dichos monarcas.

TERCERA CUESTIÓN: responda a las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuál fue el último reino musulmán en la Península Ibérica?
  2. ¿En qué fecha (día, mes y año) se dio por finalizada la presencia musulmana en la Península Ibérica?

Ejemplo de examen UD10

Instrucciones:Duración: 1 hora.
Responde al tema y las tres cuestiones planteadas.
La prueba se valorará de 0 a 10 atendiendo a las preguntas planteadas.
La puntuación de cada apartado aparece al principio del mismo

TEMA: responda al tema El Bienio Progresista (5’5 puntos).

PRIMERA CUESTIÓN (1’5 puntos): responda a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué cronología, en años, abarca el Bienio Radical-Cedista?
  2. Explique brevemente el suceso de Casas Viejas.

SEGUNDA CUESTIÓN (1’5 puntos): responda a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué países ayudaron al bando sublevado durante la Guerra Civil Española?
  2. Explique brevemente la revolución de octubre en Asturias.

TERCERA CUESTIÓN (1’5 puntos): responda a las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuál fue el papel de la URSS en la Guerra Civil Española?
  2. Explique brevemente en qué consistieron los 13 Puntos de Negrín.

Cuestionario para un trabajo de Historia Oral

Recuerda:

Antes de comenzar el cuestionario con tu familiar o conocido, pon en marcha la cámara de vídeo o la grabadora de voz.

  • ¿Cómo te llamas? (nombre + apellidos)
  • ¿En qué año naciste?
  • ¿Dónde naciste?
  • ¿Tienes hermanos y/o hermanas que vivieran aquella época?
  • ¿Tenías algún familiar que participase en los procesos políticos de la Transición Española?
  • ¿Tuviste algún familiar afectado por la censura y las protestas sociales de la Transición?
  • ¿Tuviste acceso a la escuela en tu niñez?
  • ¿Cómo era la educación cuando ibas a la escuela?
  • ¿Trabajaste siendo niño?
  • ¿Había mucha censura en aquella época?
  • ¿Teníais derecho a expresar vuestros pensamientos?
  • ¿Cambió mucho la economía al final del Franquismo?
  • ¿Cómo afectó el franquismo a tu familia?
  • ¿En qué notaste el cambio del Franquismo a la democracia?
  • ¿La gente estuvo de acuerdo con el final del Franquismo?
  • ¿Desapareció el miedo cuando el Franquismo terminó?
  • ¿Qué significó este cambio político en tu vida?
  • ¿Influyó económicamente en ti?
  • ¿Cuál ha sido mejor para el desarrollo económico y cultural de tu zona, el franquismo o la democracia?
  • ¿Cómo recuerdas la muerte de Francisco Franco?

Nota 1: Ajusta siempre las preguntas a las cronologías que tu familiar o conocido te indique. Puede haber alguna pregunta en la lista que no te sea útil.

Nota 2: Puedes incorporar al cuestionario cualquier pregunta que te parezca interesante y creas que puede ser de utilidad.

Trabajo en grupos

La Transición Española e Integración en Europa (1975 – )

Antes de empezar: cada grupo, cuyos integrantes previamente habremos establecido en clase, deberá hacerse cargo de una de las culturas que abajo se indican. Esta asignación se hará mediante sorteo, igualmente en clase.

Las culturas sobre las que investigar y exponer en clase son:

Autonomías23F
TerrorismoOTAN
Pactos de la Moncloa 

Cada grupo, en relación al acontecimiento que trabaje, deberá indagar acerca de los siguientes aspectos:

  1. Cronologías que abarca, en caso de que puedan indicarse.
  2. Causas de dicho acontecimiento.
  3. Principales etapas de su desarrollo, explicando brevemente cada una de ellas, si se pudiera.
  4. Posibles influencias de otros movimientos similares en la Europa Contemporánea.
  5. Principales representaciones artísticas del acontecimiento (destacando las de nuestra localidad, si las hubiera).
  6. Principales hombres y mujeres protagonistas, si se conocieran (destacando los de nuestra localidad, si los hubiera).
  7. Legado de ese acontecimiento hasta la actualidad, si lo hubiera.

Recordad:

Cada grupo dispone de 10 minutos para exponer en clase, de forma que a todos los grupos les dé tiempo a mostrarnos su trabajo. Todos/as los/as integrantes del grupo deben tomar parte tanto de la elaboración del trabajo de investigación, como de la exposición en clase, de forma que puedan ser evaluados.

En el blog contáis con bibliografía para la realización del trabajo de investigación, así como con una lista de webs que os pueden ser útiles.

Juicio y mito de la Transición

En el contexto de la actual crisis del sistema político español —acompañada, y no por casualidad, de una profunda crisis económica— se ha convertido en tópico la certeza de que en la transición del franquismo a la democracia que tuvo lugar entre 1975 y 1982 se encuentra el origen de todos nuestros males actuales. Es común encontrar expresiones de desprecio —«régimen del 78» en alusión a la constitución, por ejemplo— hacia dicho periodo, y opiniones manifiestamente hostiles que lo consideran un pacto de élites, poco más que un lavado de imagen para que el régimen franquista perviviera más allá de la muerte del dictador sin que una verdadera democracia llegara a España. Frente a estos juicios severos se sitúa la versión institucional que a través de mecanismos culturales, educativos y propagandísticos ha pretendido consagrar la transición como un «proceso ejemplar» sin puntos oscuros. Ambos extremos caen en juicios absolutos, que son precisamente los que deberíamos evitar. Es precisa una verdadera crítica basada en el estudio de un proceso complejo que debe ser contextualizado debidamente.

La transición no fue modélica; digámoslo ya para no inducir a equívocos sobre la intención de este texto. Ningún proceso histórico lo es. La historia no puede reducirse a un código binario en el que las cosas son muy buenas o muy malas y no caben los términos medios: la historiografía persigue, por el contrario, un análisis crítico y riguroso que se aleje de los extremos de ánimos encendidos, aunque sean, y más hoy, perfectamente comprensibles. En algunas cuestiones durante la transición se hizo lo que se pudo hacer, en otras se hizo más, y en otras se hizo menos. Es un punto de partida poco emocionante o popular —para detractores o para apologetas—, pero se acerca más a la realidad.

Cuando en 2014 nos preguntamos por qué se tomó tal o cual decisión en 1975, 1977 o 1981, a menudo no tenemos en cuenta cuál era la situación del país entonces. El aparato de gobierno franquista seguía plenamente vigente en 1975, y la democratización del mismo pasaba forzosamente por la integración de sus cargos en el nuevo régimen, así como por la aceptación del nuevo jefe del estado designado por Francisco Franco. La transición política se llevó a cabo en un ambiente lleno de presiones, por añadidura: de ciertos sectores del ejército, de grupos terroristas que cometían atentados con una frecuencia insoportable, y de grupos de la ultraderecha igualmente terroristas que actuaban impunemente con la complicidad más o menos clamorosa de la policía y de un inoperante ministro del interior, Martín Villa. La democracia era aún algo incierto que dependía de la voluntad de los grupos políticos por llevarla a cabo, pero también del apoyo de una amplia mayoría de la sociedad española. En el año 78 se desmontaba, recordemos, la Operación Galaxia, que buscaba un golpe de estado que llegaría tres años más tarde, en el aún demasiado desconocido 23 F. Es un ejemplo de que las amenazas y las presiones al proceso democratizador eran constantes y reales. No todo era realizable, y condenar desde el presente que durante la transición se aceptara al rey Juan Carlos I, que no se juzgara a los criminales franquistas desde el primer momento o que la izquierda pactara con la derecha no es realista; la contundencia en todos esos asuntos era, simplemente, irrealizable entonces. ¿Cuál era la alternativa al pacto para las izquierdas? Probablemente, la exclusión del proceso. ¿Y entonces qué habría sucedido?

«Las renuncias de las izquierdas» están fechadas en realidad mucho antes de que diera comienzo la transición con la muerte de Franco. El PSOE renuncia a la restauración republicana en 1951, nada menos, y el PCE hace lo propio en 1956, cuando diseña la vía de la reconciliación nacional, con la que se renuncia a la lucha armada. Ya con Franco muerto, bajo la dirección de Santiago Carrillo y sus afines, el PCE renuncia definitivamente al leninismo y se reafirma en su deseo de constituirse en fuerza política democrática —entendida a la manera de la socialdemocracia del bloque occidental— mediante el llamado eurocomunismo. La voluntad de llegar a una reconciliación de las dos Españas y que la transición fuera tranquila estaba pues en las fuerzas de izquierda desde fechas muy tempranas, y llegado el momento se sumó a la voluntad de cambio de ciertos elementos del franquismo, con Adolfo Suárez a la cabeza. Por supuesto, no voy a pretender que todos ellos lo hicieran desde la sinceridad o que no hubiera oportunismo político en el cambio de chaqueta. Pero incluso aunque así sea, lo que no puede negarse es que hubo un aperturismo claro, incluso desde antes de noviembre de 1975. El inmovilismo fue marginal en la derecha franquista y sus resultados electorales muy pobres.

Eso no significa que la vía democrática fuera un faro constante en las decisiones que se fueron tomando, por supuesto, como pretenden posteriores ficciones hagiográficas revestidas o no de un supuesto rigor documental —ver, entre otras, la teleserie Adolfo Suárez, presidente (Antena 3, 2010)—. Hubo vaivenes y muchas presiones. Pero también hubo decisiones claves: la legalización de los partidos de izquierda para que concurrieran a las primeras elecciones —preconstitucionales— de junio de 1977, por ejemplo. Por otro lado, afirmar que aquello fue solamente un pacto de élites políticas no es exacto ni justo con toda la gente que luchó en la calle. Hubo una movilización ciudadana nada desdeñable en forma de múltiples manifestaciones y de un auge del asociacionismo que venía cocinándose desde la semiclandestinidad. Y entonces ir a una manifestación era jugarse la vida, ya fuera por la represión policial o por las acciones de la ultraderecha.

Aunque no es cierto que en su momento todo el mundo aceptara el proceso tal y como se estaba llevando a cabo. Hubo críticas desde medios de izquierda como TriunfoEl País o las revistas satíricas como Por FavorEl Papus El Jueves. Tras las primeras elecciones, ésta última llevó en su portada un rotundo «Tongo» referente a la victoria de la UCD de Suárez. En las páginas de estas revistas podían encontrarse múltiples críticas a las concesiones de la izquierda, interpretadas en clave de traición, y también al consenso de los diferentes grupos parlamentarios en cuestiones como los pactos de la Moncloa, unos acuerdos económicos que castigaron duramente a la clase obrera en un momento de crisis económica no muy diferente al actual. La sensación de que «todos los políticos son iguales» y tomaban sus decisiones a espaldas de los ciudadanos —incluyendo la redacción de una constitución envuelta en cierto secretismo— ya estaba ahí; no es nueva. Sin embargo sí era minoritaria. Porque la realidad es que la UCD ganó las primeras elecciones con un 36% de los votos y que esa constitución que hoy pedimos reformar —con razón— entonces fue respaldada en referéndum por un 88% de los votantes. El consenso político se veía reflejado en la ciudadanía, que mayoritariamente quería una transición tranquila. Se avanzó demasiado rápido para algunos y demasiado lento para otros, pero se sortearon muchos aspectos espinosos, que quedaron aplazados, y se sentaron las bases de lo que podría haber sido una democracia de una calidad superior a la que hoy disfrutamos.

Porque el problema no está en lo que no se hizo durante la transición sino en lo que no se ha hecho desde la transición. Muchos de los déficits de nuestra democracia no son verdaderas consecuencias directas de aquel proceso. El bipartidismo de facto, por ejemplo, es posterior y se sustenta en la ley electoral del 85, que minimiza el impacto de terceras fuerzas políticas, facilita las mayorías absolutas y a la larga desmovilizó el voto más allá de PP, PSOE y los partidos nacionalistas de algunas comunidades autónomasLa corrupción generalizada, los desmanes del sistema financiero, la privatización salvaje, los recortes y la voracidad de los mercados eran evitables.

Por eso la pregunta que debemos hacernos es por qué después, a medida que esos problemas iban apareciendo, no se les puso freno por vía legislativa. Y por qué no se continuó con la tarea iniciada entonces. Por poner un ejemplo muy gráfico, el problema de España no es que no se retiraran todos los símbolos franquistas en 1975, sino que todavía persistan en 2014. Es un caso extrapolable a muchas otras cuestiones. La clase política no ha mostrado verdadera voluntad para terminar con su propia impunidad y establecer límites a su enriquecimiento y a su participación en las empresas privadas, en muchas ocasiones privatizadas por ellos mismos. Pero también entra en juego una política cultural institucional que como explica muy bien Giulia Quagglio en La cultura en transición (Alianza Editorial, 2014) favoreció determinadas manifestaciones artísticas con una carga política débil o nula. Y una ciudadanía, no lo olvidemos, que entró en el juego de la desmovilización política y cayó muy pronto en el desencanto, y que mayoritariamente no tuvo ningún problema en dejar la política en manos de los políticos exclusivamente. 

Una de las principales causas de este bloqueo es la construcción del mito de la transición. Mito que obviamente se construye a posteriori, durante los años ochenta y noventa, y que consagra una versión institucional del proceso excesivamente idealizada. Prácticamente ningún miembro de los grandes partidos, ni desde luego ninguno de los gobiernos democráticos, se ha atrevido a criticar o a revisar la transición. Tal y como explica Manel Fontdevila en su lúcido ensayo dibujado No os indignéis tanto (Astiberri, 2013), esta idealización construye un marco de actuación cerrado e inamovible. En nombre del pacto de la transición y de las instituciones que de él emanaron se bloquea cualquier transformación del sistema político y cualquier crítica al mismoEl espíritu de la transición, hoy, es una herramienta para proteger el statu quo antes que un utensilio para el cambio político, para continuar ampliando la calidad de nuestra democracia. Y esto es así incluso en lo que respecta a la constitución española, en su momento un texto de mínimos que remitía cuestiones importantes a una legislación posterior y que hoy, por obra de esa labor propagandística, parece un texto sagrado cuya reforma haría incurrir en la ira de los padres de la constitución, incluso de aquél que no cesó de poner palos en las ruedas durante su redacción, el difunto Manuel Fraga Iribarne.

El mito de la transición pesa hoy como una losa sobre la España de 2014. Es necesaria una catarsis que rompa el bloqueo para que dé comienzo una verdadera reforma del sistema que responda a las necesidades y preferencias de los españoles y las españolas de hoy, y que genere controles efectivos que impidan el saqueo de lo público, que castigue de verdad la corrupción, que favorezca la intervención de la ciudadanía en la política, que traiga consigo una auténtica separación de poderes e independencia judicial. Todo eso es cierto pero exigirlo, luchar por ello, no necesita de la demonización de un proceso al que no podemos condenar absolutamente por no llevar a cabo en el 75 la reforma profunda que necesitamos hoy. Seamos críticos, estudiemos la transición, recuperemos la memoria de sus muertos y sus encarcelados. Pero no caigamos en el mismo error que sus hagiógrafos. Seamos conscientes de las limitaciones que las circunstancias históricas le impusieronNo podemos pedir que en 1977 se depurara a las cabezas del franquismo, que se expropiara a las grandes fortunas, que se declarara una nueva república y que de pronto una España de tradición católica se convirtiera en un estado totalmente laico y aconfesional. Ni siquiera aunque a alguien le pareciera lícito o deseable una acción violenta para lograr todo aquello ésta fue, sencillamente, inconcebible. Seamos siempre críticos, huyamos de las explicaciones simples y no caigamos en la tentación de culpar a la transición de todos nuestros problemas: la realidad es algo mucho más complicado que eso, y la ciudadanía responsable pasa por asumirlo. Tomar las riendas de nuestra propia política así lo exige.

Juicio y mito de la Transición.

(Gerardo Vilches, 20 de noviembre de 2014 – La Réplica).

Discurso de Franco (Fin de año de 1969)

30 de diciembre de 1969.

A las diez de la noche, S.E. el Jefe del Estado se dirigió a la nación, a través de los micrófonos de Radio Nacional de España y de las pantallas de Televisión Española, en su ya tradicional mensaje de fin de año.

Españoles:

Una vez más, en estas postrimerías del año en que recogidos en vuestro hogares os alegráis con la esperanza sobrenatural de la Navidad, me dirijo a vosotros para que examinemos juntos las vicisitudes del año que termina y descubrir en lo posible el horizonte de los años venideros.

Termina en estos días un decenio fecundo en realizaciones trascendentales, que ha presenciado el despegue de nuestra patria hacia las más ambiciosas metas colectivas. Un largo período de trabajo denodado ha sentado bases firmes para el desarrollo económico y social de nuestro país y ha culminado en la institucionalización política más conforme con nuestro modo de ser, enraizada en nuestra historia y válida para nuestro porvenir. Al trasponer ahora la puerta de otra década, frente a ese velo que cubre siempre los designios de Dios, confiamos en seguir avanzando, bajo su protección, por el camino derecho y en cubrir nuevas etapas de la vida y el progreso de la nación.

En  estos últimos diez años, la fisonomía de la sociedad española ha experimentado un cambio radical. Ha sido ésta una década de grandes avances en el orden político, cultural y económico. En el aspecto político se ha producido la culminación de nuestro ordenamiento institucional con la promulgación de la Ley Orgánica del Estado, que recibió el unánime respaldo de la nación en el memorable referéndum de 14 de diciembre de 1966.

A esta Ley Fundamental han seguido luego un conjunto de normas que han hecho realidad el orden institucional que se configura en ella. Tales son la Ley Orgánica del Consejo del Reino, la Ley Orgánica del Movimiento y de su Consejo Nacional, la Ley de Libertad en materia religiosa y la que regula el Recurso del Contrafuero.

EL FUTURO ESTA ASEGURADO

Respecto a la sucesión a la Jefatura del Estado, sobre la que tantas maliciosas especulaciones hicieron quienes dudaron de la continuidad de nuestro Movimiento, TODO HA QUEDADO ATADO, Y BIEN ATADO, con mi propuesta y la aprobación por las Cortes de la designación como sucesor a título de Rey del Príncipe Don Juan Carlos de Borbón. Dentro y fuera de España se ha reconocido, tanto con los aplausos como con los silencios, la prudencia de esta decisión trascendental.

Nuestros descendientes comprobarán que la nueva Monarquía española ha sido instaurada en virtud de dos votaciones populares reiteradas en el plazo de veinte años, en el referéndum nacional de 1947, que aprobó la Ley de Sucesión y en el de 1966, que refrendó la Ley Orgánica del Estado. Han sido, pues, dos generaciones de españoles las que han dado su voto multitudinario a nuestro sistema político. La designación concreta del futuro Rey obtuvo la aprobación de las Cortes Españolas, representación genuina de la nación. Bien podemos decir que la instauración de nuestra Monarquía cuenta con un respaldo popular prácticamente absoluto y desde luego muy superior al que tuvo en 1700 el Rey Felipe V, en cuya entronización jugaron mucho más las maniobras políticas de potencias extranjeras que la propia voluntad del pueblo español.

Como dije en la memorable sesión del 22 de julio último, la sucesión a la Jefatura del Estado constituirá en el futuro un hecho normal que viene impuesto por la condición perecedera de los hombres. Si Dios nos sigue otorgando su protección, de la que tan señaladas muestras tenemos, la decisión adoptada en ese día como una prudente previsión del futuro aceptada por la nación, librará a España de las dudas y vacilaciones que pudieran suceder cuando mi Capitanía llegase a faltaros. La permanencia inalterable de los Principios del Movimiento, la solidez del sistema institucional del Estado y la designación y juramento prestado por el Príncipe de España, de cuya lealtad y amor a la Patria ha dado sobradas pruebas, son firme garantía de la continuidad de nuestra obra.

Con la ayuda de Dios y la buena voluntad de los españoles, nuestros hijos y nietos tienen asegurada la estabilidad política de la nación.

TRES LEGISLATURAS FECUNDAS

En estas tareas trascendentales han jugado un papel de la máxima importancia el Consejo del Reino, las Cortes Españolas y el Consejo Nacional del Movimiento, que han demostrado una vez más la validez y eficacia de nuestras fórmulas políticas. A los tres altos organismos quisiere ahora hacer llegar mi agradecimiento, por su acendrado espíritu de lealtad y de servicio a la Nación.

En las tres legislaturas transcurridas durante estos diez años que contemplamos, las Cortes han llevado a cabo una labor legislativa de primera magnitud, que se ha extendido a todas las esferas de la actividad del Estado. Son buena muestra de ello, por citar sólo alguna de las principales normas promulgadas en este periodo, la Ley por la que se regula el Derecho de Petición; la Ley de Bases de Ordenación del Crédito y la Banca; la Ley de Bases de la Seguridad Social y la Ley General Tributaria, la Ley de Funcionarios Civiles del Estado; la Ley de Prensa e imprenta y las que aprobaron el I y II Plan de Desarrollo Económico y Social.

Al tiempo que se llevaba a cabo esta ingente labor, prosiguió el proceso de fortalecimiento de nuestras instituciones, en especial, mediante la incorporación activa del pueblo a sus tareas. En este sentido, quiero subrayar cómo la representatividad de nuestras Cortes se vio reforzada con los procuradores elegidos directamente por las familias españolas. Su presencia en las Cortes, junto con los genuinos representantes de los Sindicatos, de las Corporaciones locales y de las demás entidades públicas, encauza la convivencia de todos los españoles en un sistema institucional que hunde sus raíces en la entraña misma de la Nación

ARMONIOSA CONVIVENCIA ENTRE TODOS LOS ESTAMENTOS

El normal funcionamiento de las Cortes Españolas y del Consejo Nacional del Movimiento promueve eficazmente el intercambio de opiniones y el contraste de pareceres, entre los representantes del pueblo español y el Gobierno de la Nación. Nuevas normas jurídicas aseguran el perfecto funcionamiento de las Corporaciones locales y provinciales, así como de los Sindicatos, parte esencial de la vida y el trabajo de nuestro pueblo, para garantizar la armoniosa convivencia entre los diversos estamentos de la Nación.

El gran problema que muchos países sufren y que afecta a “casi todas las sociedades de nuestro tiempo, es el de encontrar un orden político capaz de conjugar armónicamente las legítimas aspiraciones de libertad y justicia de los pueblos con la necesaria autoridad, sin la que es imposible una libertad verdadera, garantizada en su ejercicio y limitada por el bien común. Alcanzar este equilibrio, sobre el que se asienta el bien supremo de la paz, no se logra de una vez para siempre. Es una meta por la que hay que trabajar esperanzadamente cada día. Quiero recordaros ahora, como en tantas otras ocasiones, que esta batalla por la paz nuestra, la que disfrutáis en el seno de vuestros hogares, es responsabilidad de todos y cada uno de los españoles. Por ello, es absolutamente indispensable que nos enfrentemos al futuro con el mismo espíritu de unidad y de solidaridad que nos ha animado hasta ahora, con idéntica voluntad de poner el bien común de la Nación por encima de las conveniencias particulares. La fidelidad permanente a estos ideales constituye nuestra interna fortaleza y no debéis tolerar nunca  que nadie, ni de fuera ni de dentro, trate de destruirlos.

LA RENTA NACIONAL SE HA DUPLICADO

Esta es la obra que hemos venido levantando a lo largo de estos años. Sus frutos están a la vista de todos. El desarrollo económico y social que la sociedad española ha experimentado es patente.

En el decenio que ahora se cierra, la renta nacional, medida en pesetas constantes, se ha duplicado, habiendo crecido a un ritmo medio anual superior al de los países del Mercado Común.

Este crecimiento se ha reflejado en el nivel de vida de todos los españoles. En este decenio se han construido el 85 por ciento de los automóviles que circulan por nuestras calles y carreteras; se han instalado el 60 por ciento de los teléfonos existentes y se construyeron 1.175.000 nuevas viviendas, lo que representa que en este decenio han estrenado casa unos cinco millones de españoles.

En cuanto al turismo, hemos pasado de poco más de cuatro millones de personas que nos visitaron en 1959, a 21 millones de turistas en este año.

El esfuerzo realizado a favor de la enseñanza a todos sus niveles ha sido gigantesco. Durante estos diez años, el analfabetismo ha descendido del 12 al 5 por ciento de la población mayor de 15 años; se han construido 35.000 centros de enseñanza primaria, con la creación de más de un millón de nuevos puestos escolares; 1.800 nuevos centros de enseñanza media, cuyo total de alumnos ha pasado de 670.000 en 1959, a 1.700.000 en 1969. Respecto de la enseñanza superior, el número de estudiantes ha pasado de 81.000, en el curso 1959-60, a 172.000, en el actual.

Pero lo más importante es que en este período la sociedad española ha cobrado conciencia de que la extensión de la enseñanza y la igualdad de oportunidades son el mejor motor y la más segura garantía de su futuro. En los Presupuestos Generales del Estado, los créditos correspondientes al Ministerio de Educación y Ciencia han llegado a ocupar el primer lugar por su volumen. La década de los años 70 se inicia con la creación de nuevas universidades y el renovado empeño de construir un sistema educativo adecuado a nuestra época.

ESTABILIDAD Y DESARROLLO

No puede concebirse el desarrollo económico el próximo decenio sin unas bases sólidas de estabilidad de precios y de pleno empleo. La estabilidad es condición indispensable para el óptimo aprovechamiento de los recursos con que cuenta el país. Sólo manteniendo la estabilidad se asegura un crecimiento real del poder adquisitivo de los salarios. Por el contrario, el fácil camino de la expansión incontrolada constituye un espejismo, obligaría a soportar unos costes sociales demasiado elevados y pondría en peligro las fuentes del crecimiento futuro. Por ello es preciso ceñirse al ritmo de marcha programado, de acuerdo con lo que permite el potencial de nuestra economía, en la seguridad de que de este modo llegaremos antes y sin tropiezos a las elevadas metas a que todos aspiramos.

CONFIANZA EN LA JUVENTUD

Corresponde a la juventud un puesto de vanguardia en la construcción de una España más justa y más solidaria. Durante estos 30 años de paz han participado en esta ingente labor de resurgimiento patrio generaciones sucesivas que en cada etapa han entregado el caudal generoso de sus ilusiones y esperanzas; sin que puedan desfigurarlo esas pequeñas algaradas estudiantiles que, obedeciendo a consignas comunistas, fomentan en el mundo sus agentes. Basta el conocer esta dependencia y la vida regalada que llevan los alborotadores para que se produzca la saludable reacción de los más. ¿Qué representaría, por otra parte, el grupo de alborotadores en el conjunto de nuestra juventud trabajadora y estudiosa?

Tengo la seguridad de que las nuevas generaciones sabrán también aportar su entusiasmo a la permanente tarea del engrandecimiento de España.

La juventud debe tener conciencia de que los mimetismos extranjerizantes fueron causa fundamental de nuestra decadencia. Cada país es obra de su propio genio creador y lo verdaderamente audaz, propio de los jóvenes, es ser fieles a nosotros mismos y crear y crecer desde la propia raíz de nuestro ser nacional.

LA PAZ, PRINCIPIO RECTOR DE NUESTRA POLÍTICA

Hemos proclamado incesantemente que el ideal de la paz constituye el principio rector de nuestra política. Tampoco en el orden internacional hemos regateado jamás esfuerzo ni sacrificio  por hacerlo realidad. Por desgracia, el mundo nos ofrece cada día ejemplos de guerra y violencia que destacan aún más dolorosamente en estas fechas de la Navidad.

POLÍTICA EXTERIOR

Nuestra política exterior ha estado siempre orientada a lograr nuestra plena incorporación a la comunidad internacional de naciones y en especial a estrechar cada vez más nuestras relaciones con todo el mundo occidental.

No sólo somos un país europeo, sino que hemos contribuido decisivamente a la formación del concepto de Europa. Pese a las dificultades que la compleja realidad plantea, el proceso de integridad europea continúa. No podemos permanecer al margen de la gran operación unificadora puesta en marcha. En el año que está a punto de concluir se ha dado un paso importante en la negociación con la comunidad económica europea y en los próximos meses esperamos que se puedan concretar las reciprocas condiciones de nuestra posible colaboración.

Pero Europa es más amplia de lo que  nos hacen pensar los habituales esquemas logrados por la última guerra mundial. Nuestros contactos con las naciones del Este se van ampliando. Tenemos ya relaciones consulares y comerciales con Rumania y con Polonia; acabamos de establecerlas con Hungría, países con los que a través de la historia siempre hemos tenido buenas relaciones y con los que no podemos contribuir a su aislamiento.

En cuanto al destino de los pueblos hermanos de Hispanoamérica, nos afecta particularmente. Los pueblos hispánicos, por su alto nivel cultural, están mejor dotados para salvar la distancia que desgraciadamente separa cada día más a los países ricos de los países pobres. Estamos en la mejor disposición para estudiar y favorecer todo programa de colaboración mutua en todos los órdenes. La voz coincidente de los países de la comunidad hispánica de naciones en los organismos internacionales, puede ser el mejor servicio a la causa de una paz justa y duradera.

En el umbral de la década de los 70, reafirmamos, una vez más, nuestra amistad fraternal con la nación portuguesa, con quien nos une un destino hermanado y unos acuerdos que han dado excelentes frutos y que consideramos llenos de fecundas posibilidades.

España quiere seguir manteniendo y aun reforzando, las buenas relaciones de amistad que la unen a los Estados Unidos de América en el campo de la seguridad mutua como en el económico, en el de la educación y de cooperación científica. Con buena voluntad por ambas partes esperamos encontrar una fórmula, equilibrada, digna y actual que sirva de instrumento a esta relación de cooperación que los dos países propugnamos.

Seguimos con la vista puesta en el continente africano, del que nunca podremos sentirnos ajenos. No en vano nuestras Islas Canarias, de indiscutible reciedumbre española, pertenecen a la geografía del mundo africano, en la que desde tiempo inmemorial desarrollan los canarios sus actividades pesqueras.

Como es natural, prestamos particular atención al desarrollo del pueblo saharaui, con el que hemos contraído una gran responsabilidad. Y los saharauis tienen depositada en nosotros una confianza que en ningún supuesto hemos de defraudar.

En orden a nuestras relaciones con los países vecinos, deseamos continuar nuestras relaciones especiales con naciones como Argelia, Túnez, Marruecos y Mauritania, sobre la base de una apreciación realista de los intereses mutuos.

España no puede menos de considerar con atención las evoluciones de los países del Continente africano, cuya fase actual de asentamiento de sus nacionalidades le inspiran el mayor respeto y esperanza.

La amistad con los pueblos árabes en general ha venido a ser una constante de nuestra política, que no necesita de nuevas definiciones. Sentimos por ellos la mayor simpatía ante las graves dificultades porque atraviesan y continuaremos prestándoles nuestro apoyo a sus causas justas.

JUSTICIA SOCIAL Y CRISTIANA

No quiero prolongar más esta conversación familiar con vosotros en fechas de tan profunda significación sin insistir en reafirmar que toda nuestra marcha como nación, en medio de los problemas interiores y exteriores que acompañan a todo país, se realiza bajo los altos ideales del Movimiento Nacional, inspirándose en la unidad y en la grandeza de la Patria, en la conquista del pan y la justicia para todos los españoles y en la doctrina moral y social de la Iglesia. La confesionalidad tradicional de nuestro Estado, proclamada por las leyes y servida con la mejor voluntad en ocasiones no siempre fáciles, coincide con nuestra íntima convicción y con la de la inmensa mayoría del pueblo español. Quiera Dios que la humanidad entera haga suyas las palabras de S.S. Pablo VI en su recién publicado llamamiento para la «Jornada de la Paz»: “La paz no se goza, se crea. La paz no es una meta ya alcanzada; es un nivel superior al que todos y cada uno debemos aspirar siempre. No es una ideología soporífera; es una concepción deontológico que nos hace a todos responsables del bien común, y nos obliga a ofrecer cualquier esfuerzo nuestro, a su causa, la causa verdadera de la humanidad”. Humildemente creo que España hace todo lo posible para conseguir dentro de sí misma esa paz, una paz humana y cristiana, y se esfuerza para servir a esa paz en sus relaciones con los demás pueblos del mundo.

ENTREGA AL SERVICIO DE LA NACIÓN

Imploro las bendiciones del Altísimo para todos los españoles: para los que trabajan en el campo y en el mar, en las fábricas y en las minas; par los estudiantes y los profesionales; para las heroínas del hogar, los funcionarios públicos y los que empuñan las armas en defensa de nuestra paz. Mi pensamiento va especialmente a todos los que han colaborado conmigo durante tantos años en el servicio de la Nación. Mientras Dios me dé vida estaré con vosotros trabajando por la Patria.

¡Arriba España!

Discurso Juan Carlos I en su proclamación

ANTE LAS CORTES FRANQUISTAS

Discurso íntegro de Juan Carlos I en su proclamación

22 de noviembre de 1975

En esta hora cargada de emoción y esperanza, llena de dolor por los acontecimientos que acabamos de vivir, asumo la Corona del Reino con pleno sentido de mi responsabilidad ante el pueblo español y de la honrosa obligación que para mí implica el cumplimiento de las leyes y el respeto de una tradición centenaria que ahora coinciden en el trono.

Como Rey de España, título que me confieren la tradición histórica, las Leyes Fundamentales del Reino y el mandato legítimo de los españoles, me honro en dirigiros el primer mensaje de la Corona, que brota de lo más profundo de mi corazón.

Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda la existencia a su servicio.

Yo sé bien que los españoles comprenden mis sentimientos en estos momentos. Pero el cumplimiento del deber está por encima de cualquier circunstancia. Esta norma me la enseñó mi padre desde niño, y ha sido una constante en mi familia, que ha querido servir a España con todas sus fuerzas.

Hoy comienza una nueva etapa de la historia de España. Esta etapa, que hemos de recorrer juntos, se inicia en la paz, el trabajo y la prosperidad, fruto del esfuerzo común y de la decidida voluntad colectiva. La Monarquía será fiel guardián de esa herencia y procurará en todo momento mantener la más estrecha relación con el pueblo.

Pido a Dios ayuda para acertar siempre en las difíciles decisiones que, sin duda, el destino alzará ante nosotros. Con su gracia y con el ejemplo de tantos predecesores que unificaron, pacificaron y engrandecieron a todos los pueblos de España, deseo ser capaz de actuar como moderador, corno guardián del sistema constitucional y como promotor de la justicia. Que nadie tema que su causa sea olvidada; que nadie espere una ventaja o un privilegio. Juntos podremos hacerlo todo si a todos damos su justa oportunidad. Guardaré  y haré guardar las Leyes teniendo por norte la justicia y sabiendo que el servicio del pueblo es el fin que justifica toda mi función.

Soy plenamente consciente de que un gran pueblo como el nuestro, en pleno periodo de desarrollo cultural, de cambio generacional y de crecimiento material pide perfeccionamientos profundos. Escuchar, canalizar y estimular estas demandas es para mí un deber que acepto con decisión. La Patria es una empresa colectiva que a todos compete. Su fortaleza y grandeza deben apoyarse por ello en la voluntad manifiesta de cuantos la integramos. Pero las naciones más grandes y prósperas, donde el orden, la libertad y la justicia han resplandecido mejor, son aquellas que más profundamente han sabido respetar su propia historia. La justicia es el supuesto para la libertad con dignidad, con prosperidad y con grandeza. Insistamos en la creación de un orden justo, un orden donde  tanto la actividad pública como la privada se hallen bajo la salvaguardia jurisdiccional. Un orden justo, igual para todos, permite reconocer dentro de la unidad  Reino y del Estado las peculiaridades regionales, como expresión de la diversidad de pueblos que constituyen la sagrada realidad de España.

Como primer soldado de la nación me dedicaré con ahínco a que las Fuerzas Armadas de España, ejemplo de patriotismo y disciplina, tengan la eficacia y la potencia que requiere nuestro pueblo.

La Corona entiende también  como deber fundamental el reconocimiento de los derechos sociales y económicos, cuyo  fin es asegurar a todos los españoles las condiciones de carácter material que les permitan  efectivo ejercicio de todas sus libertades. Por tanto, hoy queremos proclamar ni un español sin trabajo,  ni un trabajo que no permita a quienes lo ejercen  mantener con dignidad su vida personal y  familiar, con acceso a los bienes de cultura y de la economía para él y sus hijos. Una sociedad libre y moderna requiere la aparición de todos en los foros  decisión, en los medios de comunicación, en los diversos niveles educativos y en el control de la riqueza nacional. Hacer  cada día más cierta y eficaz esa participación  debe ser una empresa comunitaria y tarea de gobierno.

El Rey, que es y se siente profundamente católico, expresa su más respetuosa consideración para la Iglesia. La doctrina católica, singularmente enraizada en el pueblo, conforta a los católicos con la luz de su magisterio. El respeto a la dignidad de la persona que supone el principio de la  libertad religiosa es un elemento esencial  para la armoniosa convivencia de la sociedad. 

No sería fiel a la tradición si ahora no recordase que durante generaciones los españoles hemos luchado por restaurar la integridad territorial del solar patrio. El Rey asume este objetivo  con la más plena de las convicciones.

Señores consejeros del Reino, procuradores, al dirigirme como Rey desde  estas Cortes al pueblo español, pido a  Dios ayuda para todos. Os prometo firmeza y prudencia. Confío en que todos sabremos cumplir la misión en la que estamos comprometidos. Si todos permanecemos unidos habremos ganado el futuro.

¡Viva España!

Cuestionario para un trabajo de Historia Oral

Recuerda:

Antes de comenzar el cuestionario con tu familiar o conocido, pon en marcha la cámara de vídeo o la grabadora de voz.

  • ¿Cómo te llamas? (nombre + apellidos)
  • ¿En qué año naciste?
  • ¿Dónde naciste?
  • ¿Tienes hermanos y/o hermanas que vivieran aquella época?
  • ¿Tenías algún familiar que participase en la política durante la Segunda República o Guerra Civil?
  • ¿Tuviste algún familiar desaparecido durante la Guerra Civil?
  • ¿Recuerdas algún episodio de la Guerra Civil en tu localidad?
  • ¿Tuviste acceso a la escuela en tu niñez?
  • ¿Cómo era la educación cuando ibas a la escuela?
  • ¿Trabajaste siendo niño?
  • ¿Fuiste a la guerra?
  • ¿Participó algún familiar tuyo en la Guerra Civil?
  • ¿Notaste cambios en tu entorno tras la guerra?
  • ¿Cómo era la vida durante el Franquismo?
  • ¿Había miedo en general en tu entorno durante aquella época?
  • ¿Cómo os afecto la guerra civil a tu familia y a ti?
  • ¿Cómo afectó al trabajo la crisis económica tras la Posguerra?
  • ¿Pasaste hambre durante la Posguerra?
  • ¿La población en general pasaba hambre?
  • ¿Había mucha censura en aquella época?
  • ¿Teníais derecho a expresar vuestros pensamientos?

Nota 1: Ajusta siempre las preguntas a las cronologías que tu familiar o conocido te indique. Puede haber alguna pregunta en la lista que no te sea útil.

Nota 2: Puedes incorporar al cuestionario cualquier pregunta que te parezca interesante y creas que puede ser de utilidad.

Trabajo en grupos

La Dictadura Franquista (1939- 1975)

Antes de empezar: cada grupo, cuyos integrantes previamente habremos establecido en clase, deberá hacerse cargo de uno de los acontecimientos históricos que abajo se indican. Esta asignación se hará mediante sorteo, igualmente en clase.

Los acontecimientos sobre las que investigar y exponer en clase son:

Concordatos con la Santa SedeCultura del exilio
Acuerdos con EE.UU.Cultura de la evasión
Relaciones con Italia y Alemania tras la Guerra CivilEl milagro español

Cada grupo, en relación al acontecimiento que trabaje, deberá indagar acerca de los siguientes aspectos:

  1. Cronologías que abarca, en caso de que puedan indicarse.
  2. Causas de dicho acontecimiento.
  3. Principales etapas de su desarrollo, explicando brevemente cada una de ellas, si se pudiera.
  4. Posibles influencias de otros movimientos similares en la Europa Contemporánea.
  5. Principales representaciones artísticas del acontecimiento (destacando las de nuestra localidad, si las hubiera).
  6. Principales hombres y mujeres protagonistas, si se conocieran (destacando los de nuestra localidad, si los hubiera).
  7. Legado de ese acontecimiento hasta la actualidad, si lo hubiera.

Recordad:

Cada grupo dispone de 10 minutos para exponer en clase, de forma que a todos los grupos les dé tiempo a mostrarnos su trabajo. Todos/as los/as integrantes del grupo deben tomar parte tanto de la elaboración del trabajo de investigación, como de la exposición en clase, de forma que puedan ser evaluados. En el blog contáis con bibliografía para la realización del trabajo de investigación, así como con una lista de webs que os pueden ser útiles.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar